miércoles, 6 de enero de 2010

Marruecos. Valle del Dades




Viajar pudiera ser vagar, irse a ninguna parte,
deshacer las maletas y huir a ningún sitio;
definitivamente vagar y olvidarse de todo
pero observándolo todo.

Tal vez sea imposible perderse de uno mismo
de los límites físicos y de las propias emociones;
advertirse en el frío y en el miedo,
en la calma y en la tormenta,
en la inquietud y el sosiego;
captar la dualidad de las cosas,
el deseo y la frustración.

Si fuera yo la hoja inerte que viaja en el tiempo
iría hasta mi infancia
a recobrar el cielo que perdí en oraciones;
tal vez regresaría
hacia los bosques para dejar fluir la savia,
me inclinaría en las espinas a sangrarme el orgullo
hasta que por mis labios en forma de trompeta
se pronuncien precisos los presagios del viento.

Como el corazón y sus sonidos, como la sangre, pasar inadvertidos
como una marchitada broza que se desdobla y crece
huyéndose de la primavera al crudo invierno
para salir de la oscuridad y ser luz
o simplemente ser alguien que nace y muere
asombrado e inocente.


-.-.-.-



Tras la visita a las kasbahs de Ait Ben Haddou, nos dirigimos al Valle del Dades pasando sin detenernos por el Valle de las Rosas y ascendiendo por la empinada y sinuosa carretera que asciende hasta la Garganta del Dades a unos 2.000m. de altitud. Situado en la parte sur del alto Atlas, se le conoce como el valle de las mil kasbahs. El paisaje conmueve por la fuerza de sus contrastes, luminosidad y silencio en un espectacular espacio en el que el desierto y la montaña concilian distintos tonos de ocre y rojo que contrastan con el verdor de sus higueras, almendros y palmerales. Rivaliza la Garganta del Dades con la Garganta del Todra que visitaremos al día siguiente. En esta época del año el clima es frío y húmedo. Nos alojamos en la Kasbahs de la Vallé y si bien en sus habitaciones pasamos algo de frío al carecer de calefacción, podemos asegurar que en su restaurante comimos muy bien a base de apetitosas y abundantes raciones de cous cous y de tajín. También en la Kasbahs de la Vallé tuvimos oportunidad de compartir un animado rato de percusión a base de tambores y crótalo Bereber ó karákib.




Terxto e imágenes propiedad del autor.

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